Una Acción, Una Palabra

Una Acción, una Palabra

Eleazar Valenzuela (mercurioutah.com) Octubre 2015

Entré a un restaurante donde por un solo pago puedes comer todo lo que quieras o puedas, un lugar seguramente muy conocido pues había muchos comensales y me fue un poco dificil encontrar un lugar, pero lo hallé, deje el billete de pago sobre la mesa para que supieran que estaba tomada y me fui a servir una buena sopa caliente para empezar, aquí quiero explicarles que la hispanidad está conquistando cada vez más a los Estados Unidos de Norteamérica, primero con el idioma, pues aquí en Wenatchee, Washington se habla más español que inglés y luego con la comida mexicana, lo digo porque al ir a buscar la sopa encontré que entre ellas había… ¡una sopa de mondongo! O como más se conoce… “Menudo”, pero vamos, que me estoy desviando de mi pensamiento por el cual inicié este comentario pues no es la palabra “menudo” a lo que me refiero en el encabezado…

Estaba saboreando esa mexicanísima sopa de menudo cuando veo entrar a una anciana como de 90 años, una dama nortemericana elgantemente vestida y con su andar de pasos precarios debido a la edad, no es que me llamara la atención su vejes sino simplemente la ví porque estaba enfrente de mí, la veo sentarse en una de esas mesas que los restaurantes tienen que son como cubículos, que yo los describo como asiento de tren antiguo, toma asiento aquella viejecita y quedó frente a mí; ahí fue el momento que ahora si me llamó la atención, pues regularmente a esa edad no se anda solo, se viene acompañado de un hijo, una hija o algún nieto, pero ella fue y se sirvio y no ví a nadie que la acompañara.

Fuí por otro plato de alimentos, esta vez escojí pescado a la mostasa acompañado de arroz y unas zanahorias cocidas con pimienta, no tenía por que ser inoportuno, pero ella estaba frente a mí como a dos mesas de distancia y pude observar que la anciana no comía con fruición, parecía que le sabían mal los alimentos, seguí obsevándola y sorprendí unas lágrimas temblorosas en sus ojos, de esa lágrimas que se aferran y no quieren caer, o de esas lágrimas que no deseamos tener pero nos salen, tal vez por un recuerdo, tal vez por un dolor.

Continué mirando su rostro, su aspecto y me dí cuenta que esa lágrimas eran por causa de un dolor y un recuerdo… ¡Soledad! Es la palabra que conlleva el dolor y los tristes recuerdos.

No pude más resistir ¡ese dolor, esa angustia, esa desesperación! Esa desesperación que salía de aquel rostro marchito por el paso del tiempo y las penurias; me levanté de mi mesa dirigiéndome a la suya para una vez estar frente a ella decirle con voz amable…

-¡Hola! ¡Me hubieras dicho que estabas sola en tu cena y te hubiera acompañado desde el principio, pues tambien estoy solo! Y la comida no sabe cuando no se tiene una buena plática, ¿puedo acompañarte?-

Levanta su mirada velada por aquellas lágrimas rebeldes que no querían caer y que luego caen como torrente al verme sonriente y amistoso y solo pregunta… Really? Con una entonación como llena de estupor y a la vez esperanzada.

La traducción literal a esta palabra en español es: ¿Deveras?… y es dicha con un dejo de dolor, amargura e incredulidad, no espero su anuencia, solo me siento y le extiendo mi mano, ella la toma y se aferra a ella con desesperación sollosando calladamente, por un espacio de tiempo que pareció interminable aunque solo fueron segundos, fue un momento muy emotivo y ¿sabes que? ¡Casi suelto lágrimas tambien!

-¡Pero bueno! -digo- acabemos con esa lágrimas de tristeza y veamos la vida desde otra ventana-

-Las primeras lágrimas eran de tristeza, pero ahora son de felicidad- me dice.

-¿Cómo un hombre tan joven quiere ayudar a una anciana a acabar con la tristeza?-

- ¡Ah! Porque soy un borrador de tristesa- lo digo con tono jocoso y añado, -Dejemos eso y vamos por otro platillo porque aun tengo apetito-

La acompaño y le ofrezco mi brazo para que se apoye y asi camina con más seguridad; me contó que tiene dos hijos y una hija que son profesionistas, que enviudo hace como veinte años, que tiene cuatro nietos, pero nadie le visita en la casa hogar donde los hijos la han llevado de eso hace como nueve años, que sale a comer algunas veces para olvidar un poco, pero que es peor, pues no olvida y le duelen más los recuerdos, le duele la soledad.

El tiempo pasa y me ofrezco para acompañarle a su casa hogar para ancianos. Al llegar me da las gracias, pues dice que olvidó con mi plática sus desventuras.

Le tiendo mi mano para despedirme y ella me la toma con sus dos temblorosas manos y sin yo esperarlo ella me la besa y vuelve a sollosar y sus ojos bañados con gruesas lágrimas me mira y dice…

-Ya no estaré triste… pensaré en que siempre hay alguien a quien le intereso aunque no me conozca, solo dime como te llamas para saber por quien pedir en mis plegarias-

Le doy mi nombre y le prometo que en mi próxima visita a la ciudad le visitaré y que iremos a comer juntos.

Pasó un mes y regrese a Wenatchee WA y me dirijí a ese lugar, hogar de ancianos y pregunto por Karla que es el nombre que ella me dió, me llevan a las oficinas donde una mujer joven y amable me pregunta que si soy familiar de ella, le digo que no, solo la conocí el ultimo día de septiembre y le dije que la visitaría.

-Karla falleció el ultimo día de septiembre, (me dijo la gerente de ese lugar) regresó de su cena en el restaurante muy feliz y nos dijo…

Ahora si puedo morir en paz, pues si la familia no nos busca, siempre hay alguien que se preocupa por nosotros” Karla murió dos horas despues aferrando mis manos y murmurando un nombre con una sonrisa en sus labios- dice la gerente.

¿Me sentí triste? !No! Solo reconfortado. Karla, aquella anciana desconocida para mi murio… ¡murio feliz!

Voltea a tu derredor y veras personas que necesitan de un amigo, de una palabra de aliento, de una acción de ayuda, de apoyo.

¡Solo busca a quien necesita de confort y dale tu mano, dile una palabra de confort!

¡¡Una acción una palabra!!     Anciana Elegante

Published in: Para meditar

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